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Walter Richard Sickert: "Amor a la miseria. Realquilado en la casa de Jack el Destripador”.

El transcurrir del tiempo en los casos de asesinato no ha sido el mejor aliado a lo largo de la historia. Los ripperólogos, aficionados a todo aquello relacionado con el personaje de Jack el Destripador- Jack the ripper-, lo han tenido difícil y complicado para indagar fidedignamente en un caso que se ha perdido con el paso de los años debido a las pocas pruebas y, sobre todo, a la gran incertidumbre provocada por las pistas falsas que han ido apareciendo en la multitud de libros, revistas e incluso en el cine, mezclando fantasía con realidad y tergiversando la realidad con la fantasía.
MONTAGUE JOHN DRUITT, JAMES MAYBRICK, el PRÍNCIPE ALBERTO VICTOR, SEVERIN KLOSOWSKI (GEORGE CHAPMAN), JOSEPH CAREY MERRICK, WALTER RICHARD SICKERT (1860-1942)... ¿Alguno de ellos fué ,realmente, el terrible asesino en serie...?
En abril del 2003 se publicó en España el libro de Patricia Cornwell, Retrato de un Asesino, por Ediciones B. La polémica escritora nos dice con una seguridad pasmosa que el criminal más anónimo de todos los tiempos es el pintor eduardiano Walter Sickert, no sólo se queda en esta cuestión sino que echa por tierra todas las teorías ripperólogas que conocíamos hasta ahora y dice que el Destripador cometió muchos más asesinatos.
Las principales pruebas para incriminar a Sickert según la autora son las cartas que iba recibiendo la policía, unas operaciones en la infancia y los cuadros que dibujaba el pintor que se basaban en acontecimientos de una tenebrosa realidad. Asegura que en las cartas no utilizó sangre sino pintura, cosa que ya se sabía y que la famosa coletilla americana “ja,ja,ja” procedía de tanto escuchar decirla a su mentor en artes plásticas, James McNeill Whistler, oriundo de Estados Unidos. Respecto a los cuadros dice que el rostro de “Putana a casa” es el mismo que el de Catherine Eddowes y que, en el cuadro “Asesino de Camden” basado en el asesinato de Emily Dimmok, la posición recuerda mucho a la de Mary Jane Kelly, incluso las dos llevaban el mismo collar de perlas cuando encontraron sus cadáveres. Menciona como causa la impotencia que según ella sufría Walter Sickert, debido a tres horribles intervenciones quirúrgicas que le realizaron cuando contaba con cuatro años de edad para corregir la fístula. Ésto le provocaría un trauma que pagarían más tarde las prostitutas. La escritora también dice que los 28 años de edad que tenía el pintor en en 1888 es una evidencia, pues los psico-killers suelen realizar su primer crimen entre los 25 y los 30 años.
Uno de los problemas que plantean la sospecha de Walter Sickert es que éste solía relatar que había estado viviendo en la casa ocupada antiguamente por el Destripador, en el Norte de Londres y que conocía positivamente la identidad del asesino, como así se lo confió a Sir Osbert Sitwell. Jack, según Walter Sickert, era un estudiante de veterinaria que gustaba de merodear por las noches. La dueña de la casa donde residía Sickert decía que oía al estudiante entrar a las seis de la mañana, dirigiéndose a su cuarto, hasta que, al cabo de un par de horas, salía la primera edición de los periódicos, en cuyo momento se precipitaba escaleras abajo para comprarlos. Antes de poder avisar a la policía, sin embargo, la salud del realquilado empeoró y su madre, un mujer viuda, fue a buscarlo, llevándoselo consigo a Bournemouth. Desde aquel momento cesaron los asesinatos. Sickert garabateó el nombre del realquilado, a lápiz, en el margen de un ejemplar de las “Memorias de Casanova”, que le pertenecía, pero cuando sir Osbert Sitwell fue a buscar dicho libro descubrió que había sido destruido por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El pintor contó la misma historia a Max Beerbohm, ya que en sus agendas, vendidas en subastas en diciembre de 1960, en Sotheby's, había escrito debajo del nombre de Sickert: “Refinamiento extremado”. Luego seguía una larga flecha que llevaba a una nota marginal: “Amor a la miseria. Realquilado en la casa de Jack el Destripador”.
No obstante, hay pruebas de que a Sickert le gustaba mucho la vida nocturna y no era raro encontrarle en el barrio de Spitalfields frecuentando los cabarets baratos y otros sitios de mala reputación. No era el único de la época, a Swinburne,el famoso poeta, le gustaba moverse por los burdeles de baja reputación. Otro ejemplo era William Gladstone, cuatro veces Primer Ministro de Inglaterra. Los esfuerzos de Gladstone para redimir a las mujeres caídas constituían la desesperación de su familia y amigos. Con los más puros motivos, el estadista solía vagar por las calles del Soho, de noche, recogiendo prostitutas y llevándoselas a su esposa.
Para descubrir la identidad del asesino más famoso de la historia, Patricia Cornwell se gastó cerca de 800 millones de pesetas – su fortuna está valorada en 30.000 millones de pesetas – contratando los servicios de eminentes forenses para examinar las cartas y adquiriendo treinta y un lienzos firmados por el pintor y varias epístolas. Incluso llegó a desgarrar una de dichas obras del impresionismo británico en busca de evidencias; lógicamente en el cuadro no había ninguna pista.

Walter Sickert, Adeline. 1916

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